El “continúe” y la Dignidad
Por
Christian R. Lebrón León
No, no es exageración decir que hasta el lenguaje de servicio al cliente en Puerto Rico está siendo moldeado por la prisa, la impaciencia y la falta de estándares. Hoy quiero hablar de una palabra aparentemente inocente, pero que revela mucho sobre hacia dónde vamos como sociedad: el famoso “continúe” en los restaurantes de Puerto Rico, incluidos los llamados “fast food”.
En mis más de 40 años de vida, habiendo vivido dos décadas en Estados Unidos, viajado, trabajado con empresas privadas y agencias gubernamentales, jamás escuché algo similar en otro país al momento de ordenar comida. Ni en Estados Unidos, ni en países de Europa, ni en tantos lugares donde he compartido con distintas culturas (México, Costa Rica, etc.).
Solo aquí,
en esta especie de “Ciudad Gótica tropical” llamada Puerto Rico, hemos decidido
que atender a un cliente significa empujarlo verbalmente para que se apresure:
“Buenas
tardes, ¿su orden?”
Usted responde.
Y sin un “gracias” ni un “algo más”, de inmediato:
“Continúe.”
Y ahí es
donde comienza el problema.
“Continúe”:
¿Eficiencia o Falta de Respeto?
He
escuchado dos posturas muy claras sobre esta práctica:
- Los defensores del “continúe” son los que dicen:
– “Eso está bien, así la gente avanza.”
– “La gente pierde mucho el tiempo y uno con prisa” - Otros comentan:
– “Se siente frío, como si uno fuera un estorbo.”
– “Parece que uno está en una fila de producción, no en un restaurante.”
Como asesor
de relaciones laborales, no veo esta palabra como un simple detalle de
estilo. La veo como un síntoma. Un reflejo de cómo hemos ido normalizando la
prisa, la deshumanización y la renuncia a estándares de calidad, no solo en la
educación y en las profesiones, sino también en algo tan básico como el
servicio al cliente.
Porque si
usted lo piensa bien, “continúe” no es neutral. No es lo mismo decir:
- “¿Desea algo más?”
- “¿Puedo ayudarle con otra
cosa?”
- “Cuando esté listo, me deja
saber.”
Esas frases
invitan. “Continúe” es cortante. Da por sentado que usted va lento, que está
estorbando la fila y que tiene que avanzar.
El
Lenguaje Como Herramienta de Control
En mis años de investigación sobre prácticas laborales y ambientes de trabajo, algo siempre se
repite: el lenguaje nunca es inocente.
- Un supervisor que le dice a su
empleado “Fulano es problemático” ya condicionó a todo el mundo a verlo
como un estorbo, no como una persona.
- Un patrono que te habla de
“recursos humanos” pero trata a la gente como objetos desechables, ya te
dijo todo sin decirlo explícitamente.
- Un restaurante que entrena a su
personal a decir “continúe” está comunicando una prioridad clara: la
velocidad importa más que la experiencia del cliente.
Y cuando
usted normaliza ese lenguaje en algo tan cotidiano como pedir comida, lo que
está entrenando no es solo al empleado; está entrenando al país entero a
aceptar que la prisa justifica cualquier forma de trato.
Hoy es el
“continúe” en el fast food. Mañana es:
- “Continúe” en la oficina
médica, mientras usted intenta explicar un síntoma importante.
- “Continúe” en un banco,
mientras usted trata de entender un documento financiero que podría
afectarle por años.
- “Continúe” en una agencia de
gobierno, mientras trata de hacer preguntas sobre un derecho que usted ni
siquiera comprende bien.
La palabra
es pequeña. El mensaje es enorme: “no piense mucho, no pregunte mucho, no se
detenga… continúe.”
El
Cliente Como Estorbo, No Como Persona
En teoría,
los manuales de servicio al cliente hablan de respeto, cortesía, empatía. En la
práctica, en demasiados lugares:
- El cliente que hace preguntas
es “difícil”.
- El cliente que se toma su
tiempo es “un problema para la fila”.
- El cliente que quiere claridad
es “complicado”.
Ese
“continúe” repetido una y otra vez—con tono mecánico, sin pausa, sin escucha—refuerza
la idea de que el cliente:
- Está estorbando,
- Debe adaptarse a la prisa ajena,
y
- No merece siquiera una
expresión básica de cortesía.
Y lo más
triste es que, poco a poco, el cliente se acostumbra. Igual que nos
acostumbramos a las carreteras rotas, a los apagones, a los recortes en los estándares
académicos, ahora también nos acostumbramos a que nos traten como si la fila
fuera más importante que nuestra dignidad.
“Pero
Esa Palabra No Hace Daño…” – Las Excusas de Siempre
En Puerto
Rico tenemos una mala costumbre: justificar lo injustificable.
Las mismas
excusas que escucho cuando alguien pierde su trabajo por hacer lo correcto, las
escucho ahora para defender un lenguaje pobre y deshumanizante en el servicio:
- “Ay, pero eso no es nada, la
gente se queja por todo.”
- “Lo importante es que atiendan
rápido.”
- “Eso son detallitos; lo que
importa es que la comida llegue.”
Es la misma
lógica peligrosa de siempre:
- Cuando bajan la nota mínima
para aprobar una reválida médica: “Es justicia.”
- Cuando reducen la puntuación de
la reválida de Derecho: “Es para ayudar a los estudiantes.”
- Cuando flexibilizan requisitos
profesionales: “Es para que no haya escasez.”
- Cuando un restaurante deja de
formar bien a sus empleados en cortesía básica: “Es para que la gente avance.”
No. No es
justicia. No es ayuda. No es eficiencia verdadera. Es renuncia a estándares, a tener buenos modales.
Lo que no
queremos es invertir tiempo, dinero ni esfuerzo en formar bien a la gente. Es
más fácil entrenarles a repetir “continúe” que enseñarles a:
- escuchar,
- respetar,
- manejar el flujo de clientes
sin deshumanizar.
¿Qué
Pasaría si “Continúe” se Normaliza en Todos los Sectores?
Piense por
un momento que esta cultura del “continúe” se expande:
- En clínicas:
– “Doctor, tengo esta molestia en el pecho desde hace semanas…”
– “Ajá, continúe, continúe…” mientras el médico apenas mira. - En educación:
– El maestro que, en lugar de explicar, solo dice: “Continúen, copien de la pizarra, eso es lo que viene en el examen.” - En agencias de gobierno:
– “No, no, no pregunte tanto, firme aquí y continúe.” - En bancos o financieras:
– “Este contrato es estándar, nadie lo lee completo, firme y continúe.”
Lo que hoy
parece una simple muletilla en un “fast food” se convierte mañana en una
cultura incompetente: una sociedad donde pensar, detenerse, cuestionar o
pedir claridad es vista como una molestia.
Y cuando
dejamos de pensar, cuando aceptamos todo “para que la fila corra”, entregamos
exactamente lo que más necesitamos conservar: el criterio propio.
¿Es Solo
Culpa de los Empleados?
No. Y esto
es importante decirlo con claridad.
El joven o
la joven que está detrás de la caja registradora no inventó el “continúe”. Lo
más probable es que:
- Se lo enseñaron en un
adiestramiento,
- Es parte del “script” o libreto
corporativo,
- Nadie le explicó por qué suena
cortante o irrespetuoso,
- Tal vez hasta le miden el
desempeño por la rapidez de la fila, no por la calidad del trato.
El problema
es de cultura organizacional, de supervisores, gerentes y dueños que han
decidido que:
- Es más importante vender rápido
que servir bien.
- Es más rentable estandarizar
frases que desarrollar criterio.
- Es más cómodo forzar al cliente
que formar al empleado.
Como en
tantas otras áreas de nuestra “Ciudad Gótica tropical”, el problema no es solo
el villano visible (la palabra “continúe”), sino el sistema que la legitima, la
repite y la impone como norma.
Entonces,
¿Qué Hacemos?
No propongo
una cruzada histérica por una palabra. Propongo algo mucho más simple y, a la
vez, más valiente:
- Decir abiertamente: “Esa forma de hablarle al cliente es poco profesional,
es deshumanizante y no la quiero normalizada para mis hijos.”
- Si usted es dueño o gerente, pregúntese:
– ¿Quiero que mi marca se asocie con prisa y frialdad?
– ¿No puedo lograr eficiencia sin tratar al cliente como si molestara?
– ¿Qué pasaría si entreno a mi personal a decir: “Tómese su tiempo, cuando esté listo me deja saber” y aún así manejo bien la fila? - El libreto es fácil.
Lo difícil —pero necesario— es formar empleados que entiendan que el cliente es una persona, no un obstáculo. - Usted tiene más poder del que cree.
Puede:
– Cambiar de establecimiento cuando el trato sea irrespetuoso.
– Dar retroalimentación respetuosa: “Mire, esa expresión ‘continúe’ suena muy cortante; preferiría un trato más amable.”
– Reconocer y elogiar a quienes sí ofrecen un servicio profesional y humano.
Conclusión:
No Necesitamos Más Prisa; Necesitamos Más Dignidad
En Puerto
Rico ya hemos visto qué pasa cuando bajamos los estándares en lo académico, en
lo profesional, en lo ético. Ahora lo estamos viendo en lo cotidiano: en el
volante, en la ventanilla, en el mostrador.
Un país no
se destruye solo con grandes escándalos de corrupción. También se erosiona con
pequeños gestos diarios que van moldeando nuestra manera de ser:
– el “todo el mundo lo hace”,
– el “así se trabaja aquí”,
– el “continúe” que reemplaza la cortesía.
No va a
venir ningún Batman a arreglar esto.
No existe una “Batiseñal” que cambie, por arte de magia, la cultura del
servicio en esta isla.
La única
persona que puede exigir respeto cuando ordena su comida, cuando pide un
servicio, cuando educa a sus hijos, es usted.
La
integridad no es solo decir la verdad en un tribunal o denunciar un fraude
millonario. También es negarse a aceptar como normal lo que sabemos, en el
fondo, que está mal, aunque parezca un detalle menor.
El lenguaje
importa.
El trato importa.
La dignidad importa.
Y si de algo estoy seguro, es de esto: un país que se acostumbra a que le digan “continúe”, como si fuera una máquina, termina aceptando que lo traten como tal en todo lo demás.
Atrévase a
exigir respeto, incluso al pedir su almuerzo. Puerto Rico lo necesita.
Christian
R. Lebrón León es asesor de relaciones laborales con más de 25 años de
experiencia en los sectores público y privado, con enfoque en el cumplimiento
de las normas laborales, la investigación y el liderazgo ético.
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