Por Christian R. Lebrón León
No, no somos más inteligentes. Ni nuestros graduados de escuela superior ni los universitarios ni nuestros propios hijos. Lo que tenemos es más información a la mano, disponible al instante, pero el acceso fácil a los datos no es sinónimo de inteligencia. Lejos de un supuesto avance cognitivo, las estadísticas demuestran una realidad preocupante: estamos asistiendo a una alarmante regresión en la capacidad de pensamiento crítico y en la competencia general.
Como asesor de Relaciones Laborales con más de 25 años de experiencia haciendo cumplir leyes federales y conduciendo investigaciones bastante complejas, estoy claro en una verdad universal: todos los sistemas prosperan con buenos estándares y las sociedades se desmoronan sin ellos. Hoy, observo una peligrosa tendencia que amenaza el cimiento mismo del futuro de Puerto Rico – y no me refiero solo al gobierno, sino también a nuestras aulas y a las juntas de licenciamiento.
Estamos sistemáticamente bajando la calidad de nuestros profesionales y lo llamamos "progreso", creando una peligrosa ilusión de competencia que tendrá costos catastróficos a largo plazo.
Lo escucho a diario de los padres aquí en Puerto Rico: "¡Mira a mi hijo de tres años con ese celular! ¡Es tan inteligente; sabe más que yo!" Vemos a un niño deslizar una pantalla con facilidad, instintivamente, y confundimos la familiaridad digital con la inteligencia. Mientras tanto, nuestras aulas y juntas examinadoras cuentan una historia diferente y más preocupante: la de un deterioro sistémico disfrazado de bajas expectativas. Recordemos que estas llamadas juntas examinadoras son responsables de fiscalizar la práctica, las licencias y las reválidas de muchas profesiones en la isla.
La ilusión del avance académico
Esto no es teoría abstracta; es lo que vivo como padre. Mi hijo de octavo grado fue matriculado en Álgebra 2 en una escuela privada, un curso destinado a estudiantes mucho mayores que él. Recordemos que en Estados Unidos, Álgebra 2 típicamente se cursa por estudiantes de onceavo grado (de 16 a 17 años de edad). ¿La realidad? Su maestro tuvo que dividir los exámenes en microasignaciones porque los estudiantes no podían completarlos en clase y los exámenes, si no los completaban en el salón, se los daban a los estudiantes para que los completaran en sus hogares.
Esto no es aprendizaje avanzado; es la ilusión de un avance. Lo saqué de allí y ahora lo educo en casa. Mi hijo mayor, mayormente educado en el hogar (homeschooling), luego superó a sus antiguos compañeros de clase con una puntuación superior a la de todos en el Scholastic Aptitude Test (SAT).
La tendencia es clara: estamos cambiando el dominio genuino de alguna materia por la apariencia de un logro. Pero la realidad es que a muchos padres no les importa, siempre y cuando puedan presumir y decir que sus hijos tienen un GPA de 4.0.
Hoy veo una doble tendencia peligrosa que amenaza nuestro futuro tanto en Puerto Rico como en los Estados Unidos. Estamos sistemáticamente reduciendo las exigencias académicas y profesionales, mientras, simultáneamente, rendimos nuestra capacidad cognitiva a los dispositivos digitales. El resultado es una generación en crisis intelectual. Una generación que "parece ser bien inteligente", pero no lo es.
La erosión sistémica del pensamiento crítico
La consecuencia más alarmante aquí es lo que usted y yo vemos a diario: la erosión del pensamiento crítico. Esto se hace evidente al interactuar con algunos profesionales —médicos, ingenieros o abogados— que, a pesar de sus títulos, fallan ante problemas nuevos o inesperados. Les falta pensamiento crítico.
Esto es un resultado directo de los estándares diluidos y la evidencia se ve en nuestros profesionales:
1. En la medicina: En mayo de 2022, la Junta de Licenciamiento Médico de Puerto Rico redujo sus puntuaciones mínimas para la aprobación de la licencia. Para la primera parte del examen (Ciencias Básicas), la puntuación bajó de 425 a 420, y para la segunda parte (Ciencias Clínicas), de 443 a 418. Este ajuste aumentó dramáticamente la tasa de aprobación en el primer examen administrado en diciembre de 2021: la primera parte subió del 34% al 49.1%, permitiendo que 113 candidatos adicionales aprobaran, mientras que la segunda parte vio a 95 candidatos más aprobados, elevando su tasa de aprobación al 86.6%. Las autoridades lo llamaron "justicia", pero lo que lograron fue un estándar de competencia más bajo [Telemundo PR, 11 de mayo de 2022].
Además, un proyecto de ley presentado en la Cámara de Representantes de Puerto Rico el 17 de febrero de 2026, propone flexibilizar aún más los requisitos del licenciamiento médico, eliminando la necesidad de un bachillerato pre-médico o en ciencias y facilitando, de esa manera, que médicos licenciados en otras jurisdicciones de Estados Unidos practiquen en la isla [NotiCel, 17 de febrero de 2026]. Para agravar la situación, los promedios del Medical College Admission Test (MCAT) en las escuelas de medicina de Puerto Rico suelen oscilar entre 499 y 504 puntos. Estas cifras están por debajo del promedio nacional de los estudiantes aceptados en las universidades de medicina de los Estados Unidos, que ronda los 511 o 512 puntos. Esto hace que nuestras escuelas sean menos competitivas en términos de puntuación, a pesar de que a menudo exigen un promedio de notas (GPA) de la escuela superior de A.
Por ejemplo, la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico tiene el promedio más alto, con 504 puntos (promedio de GPA: 3.90), mientras que otras, como Ponce Health Sciences University (499–501), Universidad Central del Caribe School of Medicine (499–501) y San Juan Bautista School of Medicine (498–500, con un mínimo de 492), suelen estar en el extremo inferior de este rango [San Juan Bautista School of Medicine, Instagram]. Esta disparidad sugiere una dependencia excesiva del GPA (que, definitivamente, está sujeto a la inflación de notas) en lugar de pruebas de aptitud estandarizadas y referencias externas para la admisión a la escuela de medicina.
2. En la abogacía: El 9 de junio de 2022, el Tribunal Supremo de Puerto Rico redujo unánimemente la puntuación mínima de aprobación para la Reválida General de Derecho de 596 a 569 puntos ajustados (Resolución EC-2022-03). La propia resolución del Tribunal indicó que los aspirantes de 2020 "no estaban igualmente preparados para el examen de reválida si se compara con la población de personas examinadas en años anteriores". ¿El resultado? 72 candidatos adicionales aprobaron de inmediato, lo que aumentó la tasa de aprobación general al 42%. El estándar se cambió para igualar la preparación decreciente [Poder Judicial de Puerto Rico, 9 de junio de 2022].
3. En las profesiones de la salud aliadas: Las vistas senatoriales de julio de 2025 en la Comisión de Salud de Puerto Rico revelaron tasas de aprobación alarmantes entre los terapistas respiratorios. Por ejemplo, en agosto de 2024, solo el 27% aprobó el examen teórico y en febrero de 2025 bajó al 25%. El presidente de la Junta Examinadora de Terapistas Respiratorios estimó la tasa de fracaso general en un 75%. Las discusiones durante las vistas se centraron en revisar los exámenes mismos e incluso en eliminar el requisito de grado asociado para 2030, en lugar de abordar la formación y preparación fundamentales de los estudiantes. Este es un claro ejemplo de ajustar el sistema al fracaso en lugar de exigir excelencia [Senado de Puerto Rico, 8 de julio de 2025].
La complicidad académica y la inteligencia artificial
Esta mentalidad de "adaptación" a estándares bajos e incluso de delegación intelectual ha llegado a nuestras escuelas y universidades.
Recuerdo una conversación reveladora con dos profesores de una universidad privada en Ponce. Les expresé mi profunda preocupación por el uso extendido de la inteligencia artificial (IA) por parte de los estudiantes, temiendo que esta herramienta les permitiera obtener respuestas sin necesidad de dominar genuinamente la materia ni de ejercer el pensamiento crítico. Para mi sorpresa, la respuesta de ambos fue unánime y contundente: no solo aceptaron la omnipresencia de la IA, sino que la defendieron activamente. Argumentaron que es una realidad ineludible que debe integrarse en el salón de clases, y admitieron que a ellos mismos les ha "aliviado" muchas de sus propias tareas al delegar en otros deberes que antes requerían su intelecto.
Este testimonio, aunque chocante, subraya una tendencia alarmante: cuando incluso los encargados de fomentar el pensamiento crítico ceden a la conveniencia de la tecnología para sí mismos y sus estudiantes, estamos no solo diluyendo los estándares académicos, sino también normalizando la ilusión de competencia en la que el acceso a la información se confunde con el conocimiento profundo y con la capacidad de razonamiento independiente.
Este patrón crea profesionales con credenciales, pero sin el razonamiento analítico profundo necesario para afrontar los desafíos complejos del mundo real. El sistema se está ajustando al fracaso en lugar de exigir excelencia.
El problema es que usted está confiando el futuro de nuestro país a estos supuestos "profesionales", cuestionando cuántos de ellos simplemente improvisan en el trabajo. Es un marcado contraste con la verdadera pericia. Recuerdo una consulta en la que un médico le pidió a mi esposa que enumerara todas las cirugías que había tenido. Cuando ella mencionó una cesárea, su respuesta fue: "Vaya, la mayoría de las mujeres no saben que una cesárea es una cirugía". En ese momento, pensé: "Pero él es el experto. ¿Cómo puede esperar que los pacientes nuevos o, en general, los pacientes conozcan la definición de una cirugía y qué se clasifica como tal? Él debería saber qué constituye una cirugía, no el paciente". Es similar a alguien que usa de forma casual términos como "ambiente hostil" cuando yo, como experto en relaciones laborales, conozco las preguntas legales y de política precisas requeridas para determinar si realmente cumple con la definición de "ambiente hostil". ¿Cuántos de estos profesionales —médicos, abogados, ingenieros o quien sea—, cuando usted cuestiona su opinión (porque la mayoría de las veces solo proporcionan opiniones, no respuestas factuales y bien razonadas), responden: "¿Quién es el médico, usted o yo?"
La Epidemia Nacional: "Los Celulares Están Matando a Esta Sociedad"
Este no es un problema aislado de la isla. Es una crisis cognitiva en todos los Estados Unidos y sus territorios, y la evidencia es abrumadora. En enero de 2026, el neurocientífico Dr. Jared Cooney Horvath testificó ante el Comité del Senado de Estados Unidos sobre Comercio, Ciencia y Transporte con una declaración contundente respaldada por datos: “Nuestros hijos son menos capaces cognitivamente que nosotros a su edad” [We Are The Mighty, 13 de febrero de 2026].
Él no los estaba llamando "menos inteligentes". Estaba diagnosticando un colapso social. ¿El culpable? Los mismos dispositivos que confundimos con inteligencia: los celulares.
- El efecto Flynn negativo: Durante décadas, los puntajes de coeficiente intelectual (CI) aumentaron. Ahora están disminuyendo en las naciones de altos ingresos. La investigación vincula esto directamente con factores ambientales, en particular con el tiempo que se pasa frente a pantallas, como los celulares, sin regulación alguna. [We Are The Mighty, 13 de febrero de 2026].
- Aulas Digitales, Habilidades en Declive: El testimonio del Dr. Horvath reveló que, a medida que las escuelas se volvieron cada vez más digitales, las habilidades de lectura y de matemáticas se estancaron o disminuyeron. Los datos del examen PISA internacional muestran que los estudiantes que reportan un uso más intenso de computadoras en clase obtienen puntajes más bajos en las materias básicas [We Are The Mighty, 13 de febrero de 2026]. El Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) es un estudio trienal que mide las competencias de estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias.
- La Ilusión del Compromiso: Las pantallas promueven el cambio constante de tareas y la atención dividida, lo que dificulta, a nivel neurológico, la construcción de una comprensión profunda, la concentración y la memoria. El papel y la escritura a mano aún superan a las pantallas en la comprensión y la retención del aprendizaje [We Are The Mighty, 13 de febrero de 2026].
Estamos bajando los estándares educativos y profesionales, incluso mientras el entorno digital erosiona las mismas habilidades cognitivas necesarias para cumplir con cualquier estándar riguroso. El celular en la mano de un niño no es señal de que sea un genio; a menudo es una herramienta que impide el desarrollo del pensamiento crítico y sostenido, lo cual, al mismo tiempo, estamos dejando de exigir.
Esto crea un ciclo vicioso autorreforzante:
1. Erosión Cognitiva: El tiempo excesivo frente a la pantalla fragmenta la atención y debilita el procesamiento profundo.Los puntajes de coeficiente intelectual (CI), que aumentaron durante décadas, ahora disminuyen en naciones de altos ingresos, lo cual está directamente vinculado al tiempo de pantalla sin regulación.
2. Dilución Educativa: Los sistemas, incapaces de enseñar a mentes distraídas, bajan los estándares (p. ej., dividiendo las pruebas en microtareas). Por ejemplo, vean los resultados del NAEP (National Assessment of Educational Progress) de 2024 en matemáticas de 4.º grado en escuelas públicas de Puerto Rico, donde los estudiantes de Puerto Rico obtuvieron una puntuación promedio de 184, frente a 237 en promedio para estudiantes de Estados Unidos, y solo el 2% de estos cumplieron con la competencia requerida. Esta puntuación fue la más baja en comparación con la de los otros 52 estados y jurisdicciones de Estados Unidos.
Esta tendencia se evidencia aún más en las pruebas estandarizadas META del 2022-2023, que revelaron brechas sustanciales en la competencia académica en Puerto Rico. Por ejemplo, solo el 34% de los estudiantes económicamente desfavorecidos alcanzaron competencia en español, frente al 49% de sus compañeros más pudientes. En matemáticas, solo el 22% de los estudiantes desfavorecidos alcanzó la competencia, frente al 28% de los con mayores recursos económicos. La brecha fue más amplia en inglés, con un 30% de competencia entre estudiantes desfavorecidos frente al 50% entre otros.
Puerto Rico sigue ocupando el puesto más bajo a nivel nacional en competencia matemática, con un 0% de estudiantes de cuarto grado que alcanzan niveles competentes o avanzados en las pruebas NAEP, lo que evidencia una necesidad urgente de intervención [News is My Business, 13 de junio de 2024].
2. Ilusión del Licenciamiento: Desde las juntas examinadoras hasta el Tribunal Supremo, las instituciones están reduciendo las puntuaciones de las licencias de los profesionales para abordar la escasez de profesionales, en lugar de solucionar la causa del problema.
3. Fracaso social: graduamos una generación con credenciales diluidas (promedios de 4.00), pero su capacidad para el pensamiento crítico, la innovación y la resolución de problemas complejos se ve disminuida.
El camino a seguir requiere de personas VALIENTES
Debemos luchar esta guerra en dos frentes:
1. Defender el estándar: En la educación y el licenciamiento profesional, debemos invertir en una mejor enseñanza y capacitación para ayudar a las personas a cumplir con altos estándares, no bajarlos para ocultar el fracaso. Calidad sobre cantidad, siempre. Y para asegurar la rendición de cuentas y reconstruir la confianza pública, yo, como su cliente o paciente, creo que deberíamos tener derecho a ver sus puntuaciones de competencia fundamental. Lo sé: obtener los puntajes individuales de exámenes profesionales no es una práctica estándar y plantea preocupaciones de privacidad. Sin embargo, lo digo porque necesitamos una transparencia y una rendición de cuentas extremas, dadas las preocupaciones que he planteado.
Recuperar la mente: Debemos tener el coraje, como padres y educadores, de establecer límites estrictos y apropiados para la edad en el tiempo de pantalla. Debemos defender la lectura profunda, el aprendizaje práctico y el pensamiento ininterrumpido.
Existe una luz de esperanza en una contratendencia: los datos de 2025 muestran un aumento significativo en el número de adultos mayores de 30 años que regresan a las universidades puertorriqueñas. Instituciones como la UAGM y la Interamericana reportan un auge de "estudiantes maduros" que buscan recalificarse por motivos de satisfacción personal y de superación genuina [Primera Hora, 26 de octubre de 2025]. Este compromiso con la automejora contrasta claramente con la pasividad observada en generaciones más jóvenes.
Esta tendencia ofrece un modelo poderoso para involucrarse activamente con la educación y abrazar el aprendizaje continuo para enfrentar nuevos desafíos, en lugar de esperar que los estándares se bajen para acomodar deficiencias existentes.
La batalla por nuestro futuro no se trata solo de los puntajes en los exámenes ni de las tasas de aprobación de esos exámenes. Se trata de defender la capacidad humana para el pensamiento profundo y crítico frente a la pereza sistémica y la distracción digital. Debemos elegir el camino más difícil pero correcto: ser íntegros y dejar los celulares. La mente de nuestros hijos y el futuro de nuestra sociedad dependen de ello.
Christian R. Lebrón León es asesor de relaciones laborales con más de 25 años de experiencia en los sectores público y privado, con enfoque en el cumplimiento de las normas laborales, la investigación y el liderazgo ético.
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