En Puerto Rico tenemos una mala costumbre de buscarle las cinco patas al gato para justificar lo injustificable. Es nuestra peligrosa tendencia a racionalizar lo malo. A veces siento que vivo en una versión tropical de Ciudad Gótica. Claro, la ciudad Gótica no existe. Pero Puerto Rico se parece tanto a esa ciudad ficticia. Hemos normalizado tanto la corrupción como la indiferencia, de modo que cuando alguien intenta desempeñar la función del comisionado Gordon y trata de encender la Batiseñal, aparecen los autodenominados relacionistas públicos y asesores para apagarla e impedir que Batman haga su trabajo. Esta es una enfermedad cultural. Cada vez que alguien decide aplicar la ley y fiscalizar de verdad o realizar su trabajo correctamente—ya sea en una corporación privada o en una agencia gubernamental, aparecen los "relacionistas públicos" y los "asesores" del conformismo, con las mismas excusas baratas para explicar por qué esa persona "había que botarla". Ya está bueno de tapar el cielo con la mano. Voy a presentar algunas excusas que utilizan los autodenominados relacionistas públicos que mantienen a esta Ciudad Gótica en la oscuridad. Excusa #1: "Es que llegó ahí por pala, ese es hijo de Fulanito o amigo de Mengana" Usar el origen o el partido político para desmerecer el trabajo de alguien tiene sentido si la persona es un cero a la izquierda o una marioneta. Muchas veces ni usted ni yo tenemos voz ni voto para decidir a quién van a poner como empleado en un puesto y lo único que nos queda es observar si esa persona escogida realiza su trabajo correctamente.
Muchas veces (la gran mayoría) escogen a quien en inglés se le llama un "yes man", una persona que sirve de marioneta. Pero a veces ocurre algo inimaginable. Ese empleado decide desempeñar sus funciones a cabalidad. Entonces, si el "acomodado" es el único que se atreve a hacer su trabajo de manera responsable, la excusa de la "pala" resulta irrelevante. Mire, en Puerto Rico, quien no tiene dinga tiene mandinga. A un profesional se le debe juzgar por la ejecución de su deber, no por su árbol genealógico ni por su partido político. Usted debería respaldar a esa persona porque su eficacia facilitará su vida, directa o indirectamente.
Excusa #2: "Es que hay que tener cuidado... (La excusa del miedo)" ¡Por favor! Esa es la mentalidad de un rehén. Esta es la que más daño nos hace como sociedad. Es la misma mentalidad de los ciudadanos de Ciudad Gótica que no denunciaban a la mafia por miedo. Esta excusa sugiere que un funcionario (empleado o quien sea) debe ignorar la ley y la ética para mantener la "paz" con los poderosos. El deber ministerial de un líder (o de cualquier empleado) no es caerle bien a la Junta, ni al jefe, ni a los accionistas; es cumplir con la ley y proteger el interés público. Si la ley establece que algo está mal, se corrige y punto. El que se echa para atrás por miedo a las consecuencias no es un "estratega prudente"; es un cómplice. Si te botan por hacer lo correcto, el problema no eres tú; es el sistema cobarde que te sacó.
Y a los que miran de afuera, a los contratistas y a los proveedores: dejen de patrocinar el desastre. Cuando ustedes apoyan a un funcionario o ejecutivo sin ética, están apoyando a un sistema que, tarde o temprano, les traerá problemas, ya sean éticos o financieros. Apoyar la integridad ajena es la mejor póliza de seguro para sus propios negocios. Excusa #3: "Nadie me va a pagar mis cuentas" Esta es la más difícil de combatir porque apela a la supervivencia. Hemos llegado al punto en el que creemos que el precio de nuestra paga no se debe únicamente a las horas trabajadas, sino que también incluye nuestra dignidad y nuestro silencio. Es la lógica del policía corrupto que acepta el soborno "porque pagan poco". Pero la realidad es esta: si tu salario depende de que mires para otro lado mientras se comete una injusticia o un fraude, no estás cobrando un sueldo; estás cobrando un soborno a plazos. La integridad tiene un costo, sí, y yo lo he pagado. Pero les aseguro que el costo de perder tu integridad es mucho mayor. Excusa #4: "Todos son iguales" Aquí entra lo que yo llamo el síndrome del Comisionado Gordon. En las historias de Batman, el problema de la ciudad no era solo el Guasón o los demás villanos; el problema era que la policía, los jueces y los políticos estaban en la nómina del crimen. Los compañeros de Gordon se burlaban de él por no aceptar dinero sucio; le decían que era un "bobo" por querer aplicar la ley cuando "todo el mundo roba". Pero el comisionado Gordon no arrestaba a los criminales porque el sistema lo apoyara (al revés, el sistema lo quería fuera); lo hacía porque era su deber. Él entendía que uno es policía (o auditor, u otra profesión que usted se imagine) para proteger la ley, no para protegerse a sí mismo. Cuando aceptamos la excusa de que "el sistema es así" y nos cruzamos de brazos, estamos admitiendo que somos mediocres. Conclusión Y que quede claro: esto no se lo digo de la boca para afuera. Se los digo porque yo he estado en esa silla caliente. Yo sé lo que se siente al tener que pararse frente a los dueños de una empresa o a los jefes de una agencia y decirles "NO" porque la ley es la ley. Sé lo que es sentir miedo al pensar que, si te mantienes íntegro, esas decisiones pueden afectar tu bolsillo. Y aun así, decidir no dar el brazo a torcer ni mirar hacia el lado. Lo he hecho y he pagado el precio. Por eso les digo que se puede vivir con menos dinero, pero si usted tiene vergüenza, no se puede vivir sin dignidad.
Dejemos de ser abogados del diablo. Cuando veamos a alguien que termina en la calle por hacer su trabajo —sea reportando un fraude, aplicando un reglamento o deteniendo un abuso— no busquemos excusas para racionalizar el porqué se debió sacar a esa persona con excusas baratas. La integridad no es negociable. Y si el precio de cumplir con el deber es el despido, que así sea. Prefiero mil veces a personas que incomodan al "status quo" por aplicar la ley, que a un ejército de gente que no tiene dignidad y nos hunde en el bache mientras sonríe caripeladamente para la foto.
Pero la pregunta es: ¿y quién podrá cambiar a esta Ciudad Gótica? Pues la respuesta es fácil: USTED. No va a venir ningún Batman a salvarnos. No necesitamos a superhéroes ficticios; necesitamos a gente brava; lo necesitamos a usted.
Usted es la única persona que puede actuar con integridad. Atrévase a ser dignamente una persona de cambio; Puerto Rico lo necesita.
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